sábado, 5 de enero de 2013

Cuchillos de campo

Esta vez quería enseñaros un par de cuchillos que he hecho para un amigo y compañero esgrimista. El diseño y el tamaño que quería es más o menos el de los cuchillos de entrenamiento, pero claro, al tener que mantener un filo y aguantar un poco de trote, de un acero algo más duro.
Buscando por el taller, encontré un trozo de un acero con un alto contenido en carbono (O1), que resultaría estupendo para este proyecto.

Lo interesante de estos cuchillos no me parece que sea el forjado, sino el trabajo y montaje posterior.

Primero tenemos  los cuchillos, ya forjados, vaciados y repasados, con las cachas presentadas. Una de ellas es de olivo, de una rama que me cedió un amigo para estas cosas y las del otro son de palorojo, una madera preciosa con un color rojo intenso y un brillo metálico que la hace resaltar.


Por darle un poco más de vida y arreglar un poco el aspecto (y porque estaba deseando probarlo) se me ocurrió hacerle un adorno con la lima en la parte del lomo que queda dentro de la empuñadura. Este tipo de decoraciones se suelen llamar filework en inglés. He buscado una traducción, pero aparte de la obvia "trabajo de lima" no he encontrado nada concreto, así que lo dejaré como lo veo habitualmente.
Con esta técnica se hacen unos diseños impresionantes, pero como yo estoy empezando en esto, elegí una que me pareció sencilla de hacer. Se llama patrón de viña (en inglés vine pattern) y simula unas ramas de viña, aunque no acabo de verlas del todo...

En fin, que nos pusimos manos a la obra. Después de medir y señalar dónde van las marcas, comenzamos a comer con una lima redonda ligeramente inclinada. Primero un lado y después el otro como se ven en las fotos.
Junto a estas marcas, con una lima triangular, se hace una pequeña endidura de forma triangular que marcará las pequeñas ramas que salen de la principal.
La verdad es que la explicación ha quedado un poco mala, espero que se entienda mejor con las fotos :-)

        

Y este es el acabado, después de limpiarlo un poquito con lija para matarle las aristas dejadas por la lima.


Una vez terminado el adorno, procedemos al tratamiento térmico. Tres normalizados a diferentes temperaturas y nos metemos en el templado, la fase crítica. Si sale mal se puede arruinar todo el trabajo hecho hasta ahora. 
 En esta ocasión, este acero se templa con aceite, lo que le deja una cascarilla negra bastante fea.


Una vez enfriado en el aceite, el acero se queda demasiado duro, lo que supone que sea demasiado frágil para su propósito  por lo que hay que someterlo a unas segunda fase llamada revenido, que consiste en calentarlo a una temperatura inferior y dejarlo enfriar al aire para quitarle algo de esta dureza y que pueda resistir mejor los impactos sin agrietarse ni romperse. Si no se dispone de un horno en condiciones con un controlador de temperatura hay que hacerlo a ojo. Para eso nos podemos guiar por los colores que van apareciendo sobre el acero. 


Es una pena que los colores se le vayan al seguir con acicalado de la hoja, pero poco a poco desaparecen bajo las diferentes lijas que se le van aplicando.



Una vez vamos estamos contentos con el acabado de las hojas, volvemos a colocar las cachas para asegurarnos de que todo está bien y se pegan con un adhesivo epoxy. Se le suelen añadir pasadores para fijar mejor las cachas. A mi me gusta utilizar pasadores de acero para que no desentonen con los colores de la hoja, pero hay por ahí gente que hace maravillas también en este detalle. Ya llegaremos, pero de momento nos conformaremos con estos.

Y así queda el lomo presentado con las cachas. La verdad es que el diseño queda muy bien enmarcado con las cachas.

Una vez pegado y ha transcurrido el tiempo de curación del adhesivo, protegemos la hoja para no dañarla y nos ponemos a ajustar la empuñadura a base de escofinas y lijas hasta que se queda como queremos; cómoda en la mano y con un acabado suave y agradable.


                                       

Para las empuñaduras, a mí me gusta darle solamente un poco de aceite de linaza, que protege y nutre la madera. Deja el color natural del material y le da un brillo muy bonito. Además, cuando se arañen y se estropeen de darles uso, siempre se puede lijar un poquito y darle un poquito más de aceite, nada que ver con barnices y tintes, que después no hay manera de igualarlos.


Y bueno, este es el resultado final. Le hice también unas sencillas fundas de cuero para poder llevarlo a la cintura, con un broche de seguridad para que no se salgan aunque ya quedaban bastante ajustadas.
De las fundas, hablamos otro día, que creo que se me está alargando mucho este post, que nunca ha pretendido ser un tutorial :-)







Estoy bastante contento con como han quedado, así que estoy deseando repetirlo :-)

7 comentarios:

Axil dijo...

Me encantan enteritos. El diseño del mango, las maderas, el trabajo de lima, y hasta las vainas y cómo has aprovechado el hueco del índice para poner el cierre. Geniales.

(Pero no me engañas: nadie tiene "casualmente" trozos de O1 por el taller)

Yllart Martinez dijo...

Hombre, casualmente, casualmente, no estaba :-) Un día encontré una pletina en un distribuidor y la compré "por lo que pudiera pasar" que no veas si es difícil encontrarlo por aquí.
Muchas gracias por los comentarios, compañero!

Pácorer dijo...

No sé cuál me gusta más de los dos. Excelente trabajo, compañero. ;-)

Héctor El Imperterrito dijo...

Yo tampoco sabía cual de los dos me gustaba más cuando llegaron, y eso que se supone que tenía claro cual era el mio. El diseño es sublime, cómodos como nada, y de una sencillez de líneas y practicidad que me ha dejado enamorado, son de tamaño contenido (que yo no voy a matar osos por el mundo)y tienen todas las virtudes que tiene que tener un cuchillo de campo, además de ser preciosos, las fotos no hacen justicia al grabado de viña en el lomo. Y las fundas tienen un ajuste perfecto, el cuchillo no baila ni un milímetro lo pongas como lo pongas, ademas de ser un cierre muy seguro.

Gracias por el cariño y dedicación que les has puesto.

Yllart Martinez dijo...

Vaya, ya me habéis sacado los colores, ahora a ver quien me aguanta :-)

Muchas gracias, que lo que uno hace le guste tanto al que lo encarga te llena de ánimos y de ilusión para seguir en la brecha.

Un abrazo

Saray Pavón dijo...

No recuerdo cómo llegué aquí (a tu blog) pero me alegro. Me ha encantado el proceso, la destreza y el resultado final. Has creado dos piezas de arte.

Yllart Martinez dijo...

Muchas gracias por los comentarios Saray! Me encanta tu PROYECTO FAHRENHEIT 451, es una idea que me enamoró cuando leí el libro :-)

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